
Era una vez, una estrella que se paseaba por el cielo. Con sus rayos caminaba libre y alegremente. Tenía todo un universo a su disposición.
Acostumbrada a estar sola, se limitaba a mirar todo lo que pasaba a su alrededor. Disfrutaba de todo, hasta de las cosas más chicas y sencillas. Incluso las cosas que podrían no tener gracia ninguna ella lograba encontrar lo mejor y lo positivo.
Por donde pasaba, su luminosidad aclaraba toda la oscuridad que pudiera haber. Su sonrisa era contagiosa.
Cierto día, en uno de sus paseos, pierde uno de sus rayos. Sufre pero sigue siendo la misma sin limitaciones. Pasados dos meses pierde otro rayo y empieza a caminar con más dificultad. Decide que tenía que andar más de espacio para no hacerse tanto daño.
Y, como dice el viejo dicho, que no hay dos sin tres, una vez más, entregándose al placer de vivir, pierde su tercero rayo.
Sabía de antemano que no volvería a ser la misma, sin embargo, seguía paseando… ya sin el brillo que la caracterizaba… ya sin las sonrisas que la marcaban… pero seguía caminando…
Texto by LP
Fotos: pesquisa en internet

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